Opinión

Jorge Malena


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2017/10/27El mundo está escuchando lo que China tiene para decir



Primero fue el discurso en Davos en enero del corriente año, luego en mayo sus palabras en la apertura del Foro sobre la Nueva Ruta de la Seda, tras ello su alocución en la cumbre de los BRICS en septiembre pasado. Ahora, el informe político ante el saliente 18vo Congreso Nacional del PCCh: el mundo está escuchando lo que Xi Jinping tiene para decir.
 

Los cónclaves partidarios, al realizarse cada cinco años, pueden ser categorizados en dos tipos: los de cambio de ciclo y los de afianzamiento. Los primeros ocurren cada 10 años, una vez que concluyen los dos mandatos a los que puede aspirar un líder, dando paso a un nuevo Secretario General. Los segundos se dan cuando, tras un primer mandato, se reelige un Secretario General. Tal es el caso del 19no Congreso que comenzó el pasado miércoles, el cual apunta a consolidar la orientación del líder en el poder.
 

El análisis del discurso permite identificar una serie de conceptos nuevos, que evidencian el rumbo que tendrán la política interna, la economía y la acción internacional del gigante asiático.
 

Lo que se visualizaba que podía ser ungido como el “Pensamiento de Xi Jinping” recibió un nombre oficial: “El pensamiento sobre el socialismo con características chinas para una nueva era”. El nombre del líder no apareció, tal vez para evitar las críticas foráneas sobre el aumento del culto a la personalidad en China.
 

Xi reconoció que se han realizado “cambios históricos” en la causa del PCCh y del país en los últimos cinco años: el PBI aumentó de 8,2 a $ 12,1 billones de dólares y más de 60 millones de personas han sido sacadas de la pobreza.
 

Con respecto al anuncio que en Occidente más se ha esperado, es decir la reforma política, Xi aseveró “la democracia socialista de China es la democracia más amplia, genuina y efectiva para salvaguardar los intereses fundamentales de la gente”. Y agregó: “No deberíamos copiar mecánicamente los sistemas políticos de otros países”. Deseo destacar que, en diálogos mantenidos con académicos chinos, para ellos la democracia occidental es falible, siendo el más reciente y notorio ejemplo el acceso de Donald Trump al poder en los EE.UU.
 

El discurso también hizo referencia a la voluntad de China por asumir un papel más importante en los asuntos internacionales, precisando que “nadie debe esperar que China haga algo que socave sus intereses”. Ello podría ser una respuesta a la presión que Washington ejerce sobre Beijing en la crisis coreana.
 

Finalmente, el informe presentó como novedad los objetivos del país para los próximos 30 años: en una primera etapa, entre el 2020 y 2035, China deberá ser “una nación innovadora de primer nivel”, con una población “mayoritariamente de ingresos medios”, donde la brecha entre ricos y pobres “sea más estrecha”. Luego, entre el 2035 y 2050, China debería convertirse “en una nación con influencia mundial”, lo cual daría cabida a que luego del 2050 “China se erija orgullosa en el concierto de naciones” y “se convierta en una potencia global líder”.
 

Más allá de lo presuntuosa que puede resultar esta visión estratégica en sociedades acostumbradas a mirar el corto plazo como la nuestra, lo que sí es seguro es que nada escapa a la tecnocracia china y que no podemos ignorar los hechos que allí suceden y nuestras relaciones con ese país.
 

Jorge Malena es Director de Estudios sobre China contemporánea de la USAL.

Publicado en Clarín, 23 de octubre de 2017.