Opinión

Magali Silva


  • ENVIAR
  • IMPRIMIR
  • COMPARTIR




2018/08/13Reforma y apertura en China: aprender y adaptar



Después de 40 años del proceso de reforma y apertura al exterior, China es hoy la segunda economía del mundo. Con 1.400 millones de habitantes, China sentó las bases de su modernización en cuatro áreas claves: agricultura, industria, defensa nacional y ciencia y tecnología. Las reformas de carácter interno (políticas rurales y de urbanización) y externo (creación de zonas económicas especiales-ZEE, apertura de ciudades costeras grandes y medianas al mundo, facilidades para la entrada de la inversión directa extranjera y el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio en el 2001) permitieron que su PBI per cápita creciera 9% cada año.


A inicios de los 80, China tenía 770 millones de pobres que vivían en zonas rurales y representaban el 80% de la población. Con indicadores en declive en producción y productividad, se requería una transformación de su sistema productivo para asegurar su viabilidad. Un cambio significativo se da con la creación de las ZEE. Delimitadas geográficamente, tienen una única administración, impuestos bajos, energía, tecnología y mano de obra calificada y un sistema de regulación arancelaria separado del manejo operativo de las aduanas. Las primeras ZEE se establecieron en las provincias de Guangdong y Fujian. Son provincias situadas muy cerca de Hong Kong con una alta proporción de su población que migró a países de Europa y a Estados Unidos y cuya diáspora fue la encargada de llevar la inversión directa extranjera (IDE).


Factores como la alta calidad de la infraestructura provista por el Estado; contar con ventajas comparativas en los factores de producción; formación de clústeres; centros de atracción y promoción de IDE; difusión de investigación, políticas de innovación para la solución de problemas en el proceso productivo; además de una reforma importante en la tenencia de la tierra (1981) que hizo posible que las empresas accedieran mediante subastas a contratos de alquiler de 20 a 50 años con posibilidad de renovación, contribuyeron a su éxito. No obstante, en este proceso promovido por un régimen de incentivos se dieron algunos excesos que hoy han dejado altos pasivos ambientales y contra los que China ha iniciado una corrección progresiva en cumplimiento de los pactos firmados a nivel internacional.

La inversión en capacitación del recurso humano, investigación y desarrollo fue crucial en este proceso, así como contar con un mercado interno gigantesco y una reforma en la educación que incluyó la internacionalización de muchas universidades chinas y el intercambio con universidades extranjeras. El proceso de transformación y desarrollo innovador de China sigue hoy vigente a tasas que solo la revolución tecnológica determinará. Sin embargo, todavía enfrenta importantes desafíos, entre ellos la reciente guerra comercial, que demandará más recursos fiscales para impulsar un cambio en el motor de su crecimiento promovido por la inversión a otro impulsado por el consumo en una economía que ahorra el 45% de su PBI; el respeto por los derechos de la propiedad intelectual, el crecimiento verde e inclusivo, así como las reformas en el sector servicios, particularmente en las actividades de servicios financieros y telecomunicaciones.

La asociación estratégica integral de China con el Perú, la estrecha relación comercial en el marco del TLC Perú-China y los lazos culturales que nos unen no solo son una gran oportunidad para seguir creciendo en el acceso a uno de los mercados más grandes del mundo, sino también para seguir aprendiendo y adaptando las lecciones de su proceso de apertura en la construcción de instituciones e infraestructura que nuestro país necesita. Es responsabilidad nuestra aprovechar esta oportunidad.

Magali Silva es Asesora Líder de la Gerencia General del Banco Central. Se desempeñó como Ministra de Comercio Exterior y Turismo del Perú, desde el 24 de julio de 2013 hasta el 28 de julio de 2016.

Publicado en El Comercio, 28 julio de 2018.