Opinión

Jorge Malena


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2019/02/19La meritocracia china y la democracia argentina



¿Por qué debe interesarnos lo que sucede en China y cómo es gobernado ese país? La presencia en nuestro país del Presidente Xi Jinping en diciembre del año pasado puso de manifiesto la creciente relación bilateral: fue el único jefe de gobierno de los 19 mandatarios que vinieron a la Argentina por la Cumbre del G20 que efectuó una visita de Estado, durante la cual se firmaron casi 40 acuerdos, entre ellos la renovación -hasta el año 2023- del “Plan de Acción Conjunta” (que emana de la asociación estratégica integral vigente entre ambos países desde el 2014).


Además de la cuestión bilateral, China es importante porque -en la actual etapa de recomposición internacional- se presenta como el actor desafiante del unipolarismo que surgió tras el colapso soviético. De seguro, el posicionamiento y la conducta exterior de Beijing influirán la agenda mundial de las próximas décadas.

China es, según el propio Banco Mundial, el país que registra “la expansión económica sostenida más veloz de la historia”. Desde fines de los setenta el PBI creció a un promedio del 10% anual, lo cual posibilitó que 700 millones de personas salieran de la pobreza. Uno de los principales motivos de esta exitosa transformación es que la República Popular es conducida por una “meritocracia”.

Ésta es una forma de gobierno en la que, según Daniel Bell, mandan quienes “cuentan con la capacidad de tomar decisiones debidamente fundamentadas”. La meritocracia en China es fruto de su historia: en la era precristiana, hacia finales de la dinastía Zhou, se consideró necesario “el gobierno de los mejores”, para lo cual se construyó un riguroso sistema de examinación dirigido al ingreso en el servicio público. Esa práctica, que se mantuvo durante siglos, impregnó la cultura política de esa nación.

En la segunda mitad del siglo XX, en la China de Mao Zedong imperó el dictum “poner fin a la vieja cultura, los viejos hábitos y las viejas ideas”. Ello provocó que el ideólogo tuviera prioridad sobre el experto en la administración gubernamental. Luego, a partir de la reforma lanzada por Deng Xiaoping en 1978, se puso el énfasis nuevamente en que los gobernantes tuvieran formación en el manejo de la cosa pública. En consecuencia, los requisitos de poseer grado universitario y de aprobar un exigente examen de ingreso fueron establecidos gradualmente.

La exitosa apertura económica mencionada trajo como efecto no deseado la corrupción, por lo que la lucha contra ese flagelo fue una de las principales metas asumidas por Xi Jinping cuando llegó al poder en el año 2012. Fruto de ello, hoy en día en China se promueve que la dirigencia esté capacitada y sea transparente, más allá de lo difícil que es alcanzar esa meta y de las críticas que podamos hacer del autoritarismo vigente en ese país.

En una etapa en la cual nuestra interacción con China es creciente, cabría que conozcamos el funcionamiento de su sistema político, porque ello puede facilitar el mutuo entendimiento e incluso mejorar nuestra democracia.


El sinólogo Jorge Malena es director de la Carrera de Estudios de China Contemporánea en la Universidad del Salvador en Argentina.

Publicado en El Clarín el 23 de enero de 2019.