Opinión

Julio Panduro Chamorro


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2019/03/11El estornudo del gigante chino



A finales del 2018, analistas y medios especializados alertaron una nueva crisis económica que recorrerá grandes potencias, afectará países emergentes y golpeará naciones en vías de desarrollo. En ese escenario, la República Popular China supone un peso importante porque su economía es protagonista mundial por sus sólidos vínculos comerciales con casi toda la comunidad internacional.

Ese liderazgo presenta una desaceleración debido a factores como el exceso de deuda externa, las medidas proteccionistas de Donald Trump, la expansión de EEUU, el impacto del Brexit, el aumento del precio del petróleo, y otros. Hechos concatenados provocaron que el PBI de China alcance el año pasado 6,6%, la expansión anual más lenta en tres décadas. 

La expansión de China se había convertido en una suerte de milagro económico porque crecía con porcentajes de dos dígitos, pese a intensas turbulencias en los últimos diez años, como la burbuja inmobiliaria de EEUU que desestabilizó al planeta con la caída de liquidez y los derrumbes bursátiles, por ejemplo. El modelo chino era observado con admiración y de inmediato los gobiernos de países emergentes optaron por fortalecer su relación con el gigante de Asia.

Si los expertos destacaron siempre que los beneficios de la globalización favorecen a quienes participan activamente de ella, es lógico que las consecuencias negativas también sean realidad tangible. Es de esperar que el traspié de la economía china tendrá impacto nocivo a escala mundial, más aún cuando es el principal socio comercial de decenas de países en África, América Latina y el sudeste asiático.

El crecimiento de 6,6% en el 2018 es un índice envidiable, pero llegó a tal nivel de importancia que esa tasa tiene en vilo al mundo por su eventual impacto en las balanzas comerciales. No debe soslayarse que la economía china representa el 16,5% del PBI mundial, una cifra que hace temblar a todos ante cualquier indicio de agotamiento.

Beijing no se quedó con los brazos cruzados y ya adoptó medidas para disminuir el fuerte crédito corporativo y otros riesgos financieros. Además, el gobierno de Xi Jinping tiene numerosos instrumentos para estimular un crecimiento que los analistas prevén que pueda estabilizarse para mediados de año, como el aumento del gasto público, el recorte de impuestos o la rebaja de los tipos de interés de referencia.

El caso chino debe llevar a la reflexión sobre los episodios cíclicos de la economía que se registraron a lo largo de la historia. Tales lecciones deben servir de base para prever cualquier recaída y aplicar medidas a tiempo. De no aprender de esa experiencia, los países en vías de desarrollo enfrentarán las temidas reformas y ajustes sociales que perjudican a la población más postergada.

Publicado en La República, 1 de marzo de 2019.