Opinión

David Gosset


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2019/03/27Las sinergias sino-occidentales exigen un diálogo constante



Representado tan solo una de las distintas red de conexiones globales entre civilizaciones, las relaciones entre Occidente y China son de mayor importancia.

Su importancia no se define por sus intercambios cuantitativos; sino por las soluciones a los problemas globales que sus sinergias ofrecen. Es más una minoría creativa – reinterpretando la terminología del historiador y filósofo británico Arnold  Toynbee - que una elite global, que pueden extraer de una mejor manera de la relación sino- occidental algunas de las soluciones a los problemas de hoy.

Mientras que al élite global se regocija en una globalización que aplana las diferencias culturales, y al hacerlo, actúa como generador de populismo conservador, la minoría creativa, preocupada principalmente por la cultura, encuentra dentro de sus diferencias los recursos para encontrar un nuevo equilibrio.

Las realidades sociopolíticas del siglo XXI plantean dos preguntas fundamentales: ¿Cómo nos aseguramos de que la globalización económica siga siendo un proceso justo, sostenible y equilibrado? ¿Cómo puede su motor potente pero moralmente ciego y el imparable avance de la tecnología permanecer al servicio de la humanidad? La humanidad hasta ahora ha sobrevivido el ingreso a la era atómica, pero tendrá que manejar sabiamente la inteligencia artificial y las aplicaciones de la física cuántica, entre otras interrupciones tecnológicas.

La naturaleza de las respuestas que China y Occidente formularán dependen de su capacidad para reinterpretar su humanismo y de su habilidad, en un mundo de interdependencia creciente,  para hacer pleno uso de la compatibilidad entre ambas tradiciones. En ese sentido, la apertura de China a Occidente y viceversa, son vitales para ambos lados.

La narrativa en la que existe un inevitable enfrentamiento entre China y Occidente es una construcción que tiene que ser contrarrestada ya que resultan ser los co-arquitectos más poderosos para la construcción de una comunidad de destino para la humanidad.

 

Con la propuesta de una comunidad de destino para la humanidad, el presidente Xi Jinping reinterpreta el clásico cosmopolitismo chino – la noción confuciana de “da tong” (gran armonía) - y pone a China en un camino que es una reminiscencia del universalismo occidental.

La visión de un nuevo humanismo creado por las sinergias sino- occidentales tiene como meta más alta a la humanidad entera, y no parte de ella.

Algunos comentaristas pensarían que una cooperación estratégica entre China y Occidente es una fantasía, argumentando que sus sistemas políticos son muy distintos.

La legitimidad del sistema político chino, que es real, no debe medirse por su nivel de imitación hacia las políticas occidentales. Su legitimidad tienen origen en su capacidad de mantener a China en el camino de desarrollo cuantitativo y cualitativo.

Además, es con el Partido Comunista de China, la fuerza detrás de la emancipación, la apertura y la creciente prosperidad de la sociedad china, que Occidente está trabajando de facto para organizar una mejor globalización. La realidad es que Occidente y el resto del mundo han aceptado los estilos de gobernabilidad chinos dado que son contribuyentes del orden global. El renacimiento chino que el PCCh pone como principal objetivo permite que Occidente tenga un compañero sólido con quien trabajar temas de crecimiento global y seguridad.

Con el fin de aprovechar el enorme potencial de las sinergias sino- occidentales, es necesario un diálogo constante enfocado en incrementar el entendimiento mutuo.

A través de la aceptación de sus respectivas costumbres, con la promesa de iluminación mutua, China y Occidente son la prueba de que el progreso hacia una mayor unidad mundial empezó hace mucho tiempo. Este progreso tiene que ser altamente reconocido y firmemente continuado.

David Gosset es fundador del Foro Europa- China (2002). Es autor de “Enfoques limitados en el renacimiento chino” (2018).