Opinión

Julio Panduro Chamorro


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2018/10/29El poder blando de China



Es cierto que tenemos íconos de China grabados en nuestro subconsciente, como la Gran Muralla, el kung-fu, el oso panda y la comida. Sin embargo, a diferencia de otras naciones, el gigante asiático goza de imágenes de cultura milenaria y tradicional, pero carece de símbolos que lo revelen como un país moderno y de avanzada tecnología, casi a la par de las potencias occidentales.


De allí que el Gobierno chino haya puesto mayor interés en fortalecer su poder blando.

En ese contexto, la cultura es una pieza fundamental del poder blando de cualquier país; representa una manera controlada de expandir sus intereses y de mostrar una imagen positiva de su acción exterior. Y tanto la diplomacia cultural como la publicidad son el complemento perfecto del aumento de la presencia e influjo de una nación.

De hecho, la dimensión cultural de las relaciones internacionales no había cobrado importancia hasta hace poco porque la agenda pública tradicional siempre ha estado compuesta por asuntos militares o económicos. Ahora la cultura ha obtenido una especial relevancia al ser un medio para presentarse a la comunidad internacional y así afirmar poder y prestigio. De esa manera, la cultura que una nación proyecta es una imagen al mundo, que puede ser moldeada en función de sus intereses.

Ahora veamos cómo Beijing ha diseñado estrategias para potenciar ese aspecto. En el gobierno de Xi Jinping se han impulsado las pasantías de estudiantes chinos en universidades del extranjero, con la premisa de que sus propios ciudadanos son los mejores promotores de la cultura y la tradición china, de la historia y del éxito del país especialmente.

Esa misma presencia se observa en el ámbito laboral. El sólido vínculo de China con 54 países de África ha permitido que exista una intensa relación de cooperación de la nación asiática hacia el continente africano, a tal punto que presta un sexto de todo el dinero que va a parar a tierras azotadas por el hambre y el atraso, sobre todo para financiar el tendido de infraestructura y la extracción de recursos naturales. En estas obras existe un contingente de especialistas y trabajadores chinos que llega hasta el lugar, logrando que la imagen de la cooperación ahora sea directamente relacionada con China.

En el aspecto de la industria del divertimento, países como Estados Unidos han teñido de un exagerado patriotismo sus series y películas, tal como lo ha demostrado Hollywood con creces. En China ocurre una situación similar, pero su producción, que permite el traspaso de valores y creencias a quienes consumen ese tipo de productos, por el momento se circunscribe al público interno porque aún no gana un nicho de mercado fiel en el extranjero. En este caso, vemos que el poder blando se aplica a la población china para que se sienta orgullosa de sus logros como país.

El reforzamiento de su poder blando ha logrado que China despierte desconfianza en otras potencias, cuyos representantes alertan de un “neocolonialismo” desfasado en pleno siglo XXI, y para presuntamente detenerlo recurren a las críticas de un gobierno con partido único o a la situación de los derechos humanos.

Lo cierto es que China no necesita hacer grandes esfuerzos para despertar el interés por su cultura más allá de sus fronteras, ya que cuenta con una importante reserva de activos culturales, tradicionales y contemporáneos relativos al arte, el deporte, la literatura, el cine, la fotografía, la música, la danza o la gastronomía. 

Aún así, le falta alcanzar prestigio e influencia, generar la suficiente atracción para que la gente en el planeta sienta fascinación por conocer China. Con actos como las Olimpiadas de Beijing, la Expo de Shanghái y el establecimiento de Institutos Confucio, China se perfila, en ese sentido, en la búsqueda de consolidar ese poder blando que la pueda llevar a disputar los primeros lugares entre las potencias mundiales.

Julio Panduro Chamorro es periodista y politólogo.


Articulo publicado en El Peruano, 29 de setiembre de 2018.